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Salón MiEmpresa

10
Dic

Análisis: el mercado de los “buy-outs” está madurando poco a poco.

Como concepto global, el capital riesgo, básicamente, consiste en la toma de participación en empresas con alto potencial de crecimiento y que no cotizan, con el fin de reforzar sus fondos propios y apoyarles a nacer (venture capital), a crecer (growth capital), o a encontrar un comprador (buy-out). El objetivo del inversor es apoyar la implementación del plan estratégico definido por los directivos de la empresa, y rentabilizar su inversión a medio plazo (4-7 años), saliendo del proyecto vía venta de su participación.

Desde hace más de una década, el segmento que más interés ha despertado en los entornos empresariales europeos es el de los buy-outs. Sin embargo, en España, principalmente por desconocimiento, este tipo de operaciones complejas no eran muy frecuentes hasta los últimos años. Cómo concepto, recordar que nos referimos a LBO (Leveraged Buy-Out) cuando un inversor financiero compra una compañía utilizando para financiar la operación una cantidad de deuda relativamente importante, y que hablamos de MBO (Management Buy-Out) cuando esta operación está liderada por el equipo directivo de la empresa adquirida.

Existen muchas razones para explicar el por qué el mercado de buy-outs ha sido menos desarrollado en España que en otros países similares de la Unión Europea. Entre ellas podemos destacar el retraso del sector del capital riesgo en su globalidad en nuestro país, la mala imagen de los fondos de private equity, por especulativa; nuestra economía de pymes ligada a la estructura familiar de las empresas, no siempre apropiadas para este tipo de transacción; la preferencia de los accionistas por vender a un grupo industrial, porque se suele asociar a un pago superior (que no es necesariamente verdadero), etc.

No obstante, en los últimos 6-7 años, los buy-outs están floreciendo en España, y este segmento de mercado ha logrado representar más de dos tercios del volumen de capital invertido por los fondos de capital riesgo en los últimos años, y con un optimismo general de cara a su crecimiento en cuanto a número de operaciones en el futuro. Las oportunidades suelen llegar como de costumbre de accionistas deseosos de modificar el capital de sus compañías por problemas de sucesión o la voluntad de realizar unas plusvalías, de la necesidad de grandes grupos de deshacerse de ramas no rentables o consideradas no estratégicas, o reestructuraciones para sanear su balance, etc. Asimismo, dos nuevos tipos de oportunidades están apareciendo por fin en nuestro país desde hace algunos años, e impulsarán aún más el desarrollo de estas transacciones. Por una parte, los PtoP (Public to Private), que consiste en comprar una compañía cotizada para sacarla del parqué y financiar su crecimiento. En los últimos años hubo varios ejemplos, y tal y como están las bolsas ahora, no cabe duda de que se van a repetir muchos más en un futuro próximo. Por otra parte, el mercado está llegando a su madurez vía las operaciones de “secondary buy-out”. En efecto, fondos de private equity que habían comprado hace algunos años una empresa vía un buy-out, necesitan concretar sus plusvalías, y traspasan su participada a otro grupo de inversores financieros. Nos estamos ya encontrando operaciones de segunda o tercera “generación”.

Además de encontrar las oportunidades de inversión adecuada, existe en España otra serie de factores que impulsan el desarrollo de este segmento. Desde un punto de vista puramente financiero, el continuo descenso del tipo de interés en los últimos años permite a los fondos de capital riesgo financiarse a través de la deuda a una tasa muy interesante para lograr obtener importantes retornos sobre sus inversiones. Su capacidad de endeudamiento suele ser mayor que la de los grupos industriales, y su visión estratégica (el famoso “ángulo”) en cuanto al futuro desarrollo de la compañía adquirida (asesoramiento para mejorar los procesos de gestión, crecimiento vía build-up, apoyo en su desarrollo internacional, etc.) les permite asumir más riesgo que ellos y, muchas veces, ganar los procesos de subastas.

La asignatura pendiente para el sector de capital riesgo es la de los MBOs. A pesar de las muchas ventajas que representan frente a la venta a un industrial, entre ellas la rapidez de negociación, el mantenimiento del negocio independiente, el hecho de evitar dar información confidencial a sus competidores, de tener unos compradores comprometidos y menos garantías que ofrecerles…, se suelen realizar muy pocos al año. A los propietarios todavía les cuesta plantearse la venta de su firma a su propio equipo directivo, y a este último todavía le cuesta pasar de ser gestor a empresario. Seguimos a la espera de que esto cambiará en el futuro.

Como conclusión, insistir en que, aunque los buy-outs pueden parecerse a meras operaciones jurídicas o financieras-fiscales, no hay que olvidar que detrás de la ingeniería financiera aplicada subyace un proyecto empresarial. En efecto, sólo la viabilidad del negocio adquirido y la capacidad de la empresa a desarrollarse en el futuro justifican este tipo de operaciones. La firma de private equity no es meramente un socio financiero que busca especular, sino que más bien se puede definir como un acelerador de crecimiento que busca respaldar a un equipo directivo motivado con un plan de negocio ambicioso. Queda por esperar que los propietarios que se plantean vender su negocio opten por considerar cada vez más al socio financiero como una alternativa adicional al comprador industrial tradicional.

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